martes, 27 de marzo de 2012

Nosotros comemos limón

Desde pequeña siempre he tenido la misma conversación con mi mami.  "Hay una gran diferencia entre hacer una ensalada y cortar vegetales y mezclarlos".

A mi mami le encantan los vegetales frescos y recién cortados, dice que así la lechuga cruje, el tomate está más fresco, los pepinos también, etc. Así que ella los corta y los pone sobre la mesa, para que cada uno "haga su ensalada", sin nada más, bueno, si querías le echabas una pizca de sal y media tapita del limón verde chiquito, que es el más común en Guayaquil.

Pero a mi me encantan las ensaladas, que conforme las vas cortando, las vas mezclando o con limón, aceite de oliva, balsámico (mi reciente descubrimiento para encurtir una ensalada), o echarle alguna salsa de yogurt o vinagreta, pero todo revuelto, haciendo así de muchos sabores de vegetales, uno solo nuevo cada vez según las mezclas que apliques.

Pero mi aderezo preferido es el limón, tengo hasta una frase para pedir las cosas encurtidas, "hágame la ensalada con cierre de ojo por favor".  Es que esa es la típica cara que uno hace cuando come algo muy ácido, cierra un ojo, aprieta los labios haciendo un pequeño puchero, mientras se remuerde por dentro el paladar, absorbiendo los cachetes entre los dientes.  Por ende esa ensalada debe cumplir con la mueca o le faltó limón.

Mi tía Tere, hermana mayor de mi papi y quién me ha acompañado como una segunda madre, porque de los hermanos de mi papi, es la que siempre ha vivido más cerca de nosotros e inclusive hemos crecido junto con mis primos como si fuéramos hermanos, tiene una hacienda con su esposo, mi tío Iván.  Allá cosecharon una época un poco de todo y en la actualidad tienen sólo madera y unas cuantas plantas fruteras, como mangos y limones, pero no son nuestros limones verdes típicos chiquitos, estos son los limones amarillos, no tan ácidos, grandes, de cáscara ancha.

Un día pasé por casa a visitarla, con ella no tenemos la costumbre de anunciarnos o planear visitas, se timbra la puerta si está nos recibe, si está ocupada la esperamos, las puertas siempre las tenemos abiertas, y me invitó a almorzar, pese a que ellos ya habían comido.

Sobre su mesa, se encontraban estos limones amarillos cortados y mientras me preparaban un sánduche que fue lo único que le acepté mientras chismeábamos tomándonos un café, pregunté si me podía comer esos limones, mi tía como siempre, me dijo que sí.

Cándida, la señora que ayuda a mi tía en la casa, estaba levantando la mesa dejando sólo dejar las tazas de café y un mini centro de mesa con panes y quesos. Pero entre las cosas que sacaba, se me llevó mi plato con limones, antes de que yo pueda pedirle que por favor no se los lleve, exclama mi tía "¡Cándida, no se le lleve los limones a mi sobrina!, ella es Cevallos, ¿no sabes que los Cevallos comemos limón?".

Me encantó esta generalización familiar, nosotros, los Cevallos, comemos limón, claro como era de esperarse me los comí todos hasta que llegó mi sánduche.

ellos no son Cevallos, aunque los que cierran el ojo y después sonríen, habría que averiguarlo.

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